12 oct. 2013

En al parroquia de Nuestra Señora de los Dolores.


Con excepción de los paréntesis transcurridos en otras Comunidades, es en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores donde el P. Pirozzi, por alrededor de veinte años, desarrolla un apostolado intenso y fecundo.
Su actividad apostólica empieza en las primeras horas de la mañana.
Ordinariamente baja a la iglesia hacia las 4,30 y, después de una breve adoración eucarística, prepara con mucha diligencia lo necesario para la celebración de la Misa y quita el polvo al altar, los bancos y los confesionarios.
Hacia las 5,30 lleva la Comunión a algunas viejitas de la “Casa de los pobres” y, porque camina a paso rápido, con la cabeza inclinada y descubierta, también los días más duros de invierno, su comportamiento despierta curiosidad en quien no lo conoce y admiración en quien lo conoce.
A las 6,30 está ya de regreso y participa de la meditación comunitaria.
Ordinariamente celebra la última Misa e inmediatamente después, lleva la Comunión a los enfermos y ancianos de la parroquia.
El tiempo restante de la mañana lo pasa registrando o trascribiendo bautismos y matrimonios, y escuchando a los pobres y desocupados que le piden una donación o una recomendación.
Inmediatamente después del almuerzo va a la iglesia y queda allí de rodillas para recitar parte del Breviario.
En las tardes de verano, cuando verdaderamente se siente cansado, apoya su cabeza en la mesa de estudio o se sienta en sacristía, y a las 16 sale para la visita a los enfermos, a los que confiesa, y a los más pobres les lleva siempre alguna ayuda en especie o en dinero. 
Los días festivos, el ritmo de vida es diferente.
Hacia las 6 de la mañana, abierta la iglesia, empieza a confesar.
A las 7 celebra la primera Misa e inmediatamente después regresa al confesionario y queda allí hasta las 12 cuando, celebrada la segunda Misa, administra los bautismos o explica las prácticas en la secretaría parroquial.
Hacia las 15 recibe a los niños del Catecismo, los instruye y después desarrolla las funciones vespertinas.
A la noche, después de la cena, terminado el examen general, se queda en la iglesia para rezar hasta altas horas de la noche y, cuando vuelve a su habitación, no siempre se acuesta en la cama; a menudo duerme sentado en una silla con la cabeza apoyada en la mesa de estudio.

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